Manos para la infancia…


Manos para la infancia…

Si pensamos en la infancia, siempre aparecerán representaciones de personas que cuidan, habitualmente madres, padres, abuelas/os, tías/os. Al pensar en cuidados corporales no me refiero a la alimentación e higiene, sino más bien a la atención afectiva puesta en ese cuerpo de bebé.

El contacto, las caricias, el tomarla/o a upa, el abrazo son formas de sostén y manipulación que constituyen momentos más que significativos para el desarrollo emocional y personal del lactante y niño pequeño.

Muchas veces se buscan otros elementos que sostengan al niño pequeño, como un cochecito, un corralito, una silla para lactantes, y los momentos en que pueden estar en contacto con sus hijos, la mirada y el cuerpo no armonizan, no están en sintonía; pueden estar a upa, pero las manos y la mirada están en una pantalla (celular, televisión, tablet). Son minutos, pero ¿cuántos minutos al día, que se van haciendo horas le resto a ese valioso encuentro

Las caricias, la mirada y las palabras, se deben entrelazar para otorgar significado a ese momento de encuentro, a esa oportunidad única que marca los primeros tiempos de crianza y que serán fundantes para esa/e lactante. De los brazos de mamá/papá irá explorando el mundo, un mundo que se le aproxima, a través de las manos de aquellos referentes afectivos. Un mundo que se irá presentando en “pequeñas dosis” para poder ir conociéndolo, apropiándolo, creándolo bajo la mirada afectuosa de quienes cuidan.

Para poder enfrentar y explorar el mundo es necesaria la construcción de vínculos afectivos que promuevan esa exploración, otorgando confianza en los movimientos, en cada paso, en cada manipulación. Y del sostén de los brazos pasamos a las manos, al sostén de la mirada y al acompañamiento y sostén de la palabra.

La actitud de los adultos puede habilitar o inhibir muchas de las conductas de los niños, y eso marca las potencialidades de esa/e niño. La constitución de un sujeto parte de sus experiencias a través del cuerpo, pero fundamentalmente por el intercambio con el Otro (otro semejante pero portador y portavoz de la cultura en la que está inscripto, que hace de ese niño un ser único e irrepetible). El cuerpo no es una entidad aislada ni independiente del sujeto que lo porta (o lo soporta), así el niño puede pasar de “ser” un cuerpo a “tener” un cuerpo.

El logro y manejo de la independencia no proviene de un entrenamiento en “la independencia”, sino de la confianza en base a las experiencias positivas con la figura de apego, ese referente afectivo que contiene, acompaña, sostiene.

El pediatra y psicoanalista Donald Winnicott, decía que “la cuestión del sostén y la manipulación introduce el tema de la confiabilidad humana".

De la observación en estas modalidades de sostenimiento y manipulación, se puede encontrar diferentes “manos” que acompañan y sostienen a los niños pequeños.

  • Hay “manos garra” que aprisionan al niño desde el antebrazo, ejerciendo una presión que imposibilita todo tipo de movimiento. Y en más de una oportunidad lo alza, levanta y traslada como las máquinas de juego de los niños.
  • Hay “manos grillete”, que no permiten que el niño se aleje más allá de la extensión del brazo de la madre/padre.
  • Hay “manos pulpo”, que como tentáculos ejercen con habilidad un pegoteo y rodeo del brazo del niño, capturando así su cuerpo.

En todas estas situaciones uno ve niños luchando por su espacio, por recuperar la libertad de su cuerpo. Se los ve a veces asustados por la modalidad de presión que se ejerce, enojados por la inhabilitación de movimientos, y luchan denodadamente por querer liberarse. Yo haría exactamente lo mismo, intentaría lo imposible por liberarme de esa garra, grillete o tentáculos que me aprisionan.

¿Y si en lugar de tanta acción y lucha libre pudiera circular alguna palabra que permitiera movimientos y enmarcara las acciones? Por ejemplo un “¿a dónde querés ir?”, “podés ir hacia allá, me quedo acá, yo te miro…”,”quedate por acá…”, “andá con cuidado…yo te sigo”, “andá y vení enseguida…te miro, te espero, te acompaño…” Son todas formas de sostener y habilitar.

Un tema muy amplio a considerar es la provisión de oportunidades a los niños para que vivan su propia vida, tanto en el hogar como en la escuela, pero para poder experimentarlo es necesario el acompañamiento del adulto para medir y mediar en ese ofrecimiento de oportunidades. Los niños que arriban con facilidad al sentimiento de que existen, que son valorados y considerados por el otro, que tienen un lugar que se respeta, son más fáciles de manejar y son los menos vulnerables frente al embate del principio de realidad.

El ser humano, por naturaleza, desea sentirse amado, aprobado, elogiado. Y el elogio que proviene del padre y/o la madre es el que los niños más valoran.

  • Hay manos que acarician. Manos que acompañan. Manos imantadas que sostienen y custodian en los primeros pasos. Manos que apaciguan golpes de puntas de mesas o bordes. Manos que al suave roce, calman y tranquilizan. Manos que amortiguan el impulso de una corrida o bajada de tobogán. Manos que secan lágrimas luego de una caída y los invitan a levantarse y a seguir jugando…


Mamá, Papá…y tus manos: ¿De qué tipo son?


  Autor/es: Lic. Silvina Martínez, MP 50817

  Filiación: Hospital Dr. Noel H. Sbarra

  Palabras claves: Psicología, manos