¡Mi hijo no come!


¡Mi hijo no come!

La inapetencia infantil: una preocupación frecuente en la consulta pediátrica.

La inapetencia infantil, manifestada por las madres como “MI HIJO NO COME”, es un motivo de preocupación frecuente en la consulta pediátrica, por temor a que cause problemas en el crecimiento de los niños. Sin embargo, la mayor parte de los “niños que no comen”, tienen un peso y talla adecuados para su edad y el problema es que los hábitos alimentarios no cumplen las expectativas de sus padres.

Los hábitos alimentarios se definen como las costumbres en relación a la selección, adquisición, conservación, preparación y combinación de alimentos influenciados por factores sociales, econó- micos y culturales. Es con el inicio de la primera toma de leche materna y durante los primeros 5 años de la vida, cuando se incorporan estos hábitos.

Es importante aclarar que hay algunos niños que comen menos de lo que necesitan, pero se distinguen de los niños que no quieren comer en que los primeros pierden peso o están por debajo del peso normal, mientras los segundos no.

Otra situación frecuente en la alimentación infantil es la llamada neofobia, que muchas veces se confunde con una inapetencia. La neofobia es el rechazo a un alimento nuevo. Si bien puede darse en cualquier etapa de la vida, tiene dos momentos críticos. El primero coincide con la introducción de alimentos semisólidos como puré de zapallo, zanahoria, papa o batata o cualquier alimento distinto de la leche. La otra etapa es a los 2 o 3 años, cuando los niños afirman su personalidad y los alimentos que no fueron ofrecidos antes de esta etapa tienden a ser rechazados. Tal es el caso de algunas verduras, frutas y carnes rojas.

La neofobia parece tener una excepción: los alimentos dulces. Con seguridad, un alimento nuevo, pero dulce no presenta dificultad para ser incorporado.


Existen una serie de aspectos relacionados con el apetito infantil que deben tenerse en cuenta para no confundir estas situaciones con alteraciones de los hábitos alimentarios:

  • La velocidad de crecimiento varía a lo largo de la infancia y con ella las necesidades de alimentos. A partir de los 18 meses y especialmente entre los 2 y 5 años, muchos niños pueden ser etiquetados de inapetentes, cuando en realidad se trata de una disminución normal de su apetito debido a las menores necesidades.
  • Cada niña/o es diferente. Algunos siempre están dispuestos a aceptar un poco más de comida mientras que otros se satisfacen con poca. En ocasiones se trata de “falsas pérdidas del apetito” ya que si se analiza todo lo que el niño come a lo largo del día se comprueba que sólo rechaza determinados alimentos, ingiriendo importantes cantidades de otros como leche o yogurt o que sólo le gustan determinados alimentos (salchichas, hamburguesas, papas fritas, pan, galletitas, bebidas azucaradas o golosinas).
  • De forma natural y transitoria el apetito de los niños disminuye cuando tienen enfermedades como faringitis, otitis, cuadros respiratorios, diarrea, parasitosis.
  • No hay que olvidarse ni restarle importancia a los factores psicológicos. Cambios en la dinámica familiar como mudanzas, nacimientos, fallecimiento, separaciones, cambios de jardín maternal o escuela pueden causar pérdida de apetito.
Muchas veces la excesiva preocupación de los padres porque su niño no come genera un ambiente de ansiedad en el entorno familiar. Dicha situación genera mayor rechazo al alimento y la alimentación se convierte así en desagradable y traumática para toda la familia.

La solución debe centrarse en cambiar los hábitos alimentarios de la familia. Debe tenerse presente que el acto de comer debe ser agradable. El olor, la presentación, el sabor y variedad de los alimentos, así como la compañía y la atmósfera emocional son determinantes.


Por ello se aconseja:
  • Fijar un tiempo razonable para la duración de la alimentación, tras el cual los alimentos no comidos deben retirarse sin comentarios y sin dar otros en sustitución.
  • No utilizar maniobras tradicionalmente utilizadas “para que coma” como castigos, promesas, premios o televisión.
  • Consultar al pediatra si aparecen síntomas como diarrea, vómitos, dolor persistente en relación con la pérdida de apetito o ante el descenso de peso.
  • Recordar que la familia y los pediatras juegan un rol fundamental en la incorporación de hábitos alimentarios saludables en los niños.



  Autor/es: Dra. María Fernanda Mateos

  Filiación: Hospital Dr. Noel H. Sbarra

  Palabras claves: inapetencia, falta de hambre, comida, alimentación, neofobia