Crecer jugando


Crecer jugando

El juego es la actividad propia de la infancia, el modo de descubrir, experimentar y conocer el mundo. Para poder entender la importancia del juego en la niñez, es necesario entender al desarrollo infantil como la resultante de una multiplicidad de factores que son imprescindibles para el buen crecimiento y maduración del niño.

Es así que es importante que se encuentren presentes:

  • La presencia de la madre o el encargado de la atención del niño para sostener, acompañar y brindar los cuidados necesarios que él requiere.
  • Lo propio de cada niño, su propio deseo por la vida, su respuesta ante los estímulos recibidos
  • Un ambiente facilitador que responda a las necesidades físicas, emocionales y sociales tales como alimentación, higiene, recreación, juego, estimulación, brindando condiciones que lo guíen en el camino hacia la independencia y en el desarrollo de sus posibilidades.
En este recorrido que va desde la dependencia absoluta de un adulto (ya que sin la presencia de otro que cubra sus necesidades, el niño no podría sobrevivir) hacia la independencia, producto del crecimiento, (en las que puede expresar sus necesidades, pidiéndolas a otros o satisfaciéndolas por sí mismo) analizaremos la importancia del juego.

Desde los comienzos de la vida, en los primeros contactos entre la mamá y su bebe pueden surgir las primeras situaciones de juego; por ejemplo en el momento del amamantamiento las miradas, caricias, palabras, canciones, el modo de sostenerlo y mecerlo le brindan al niño "ese algo más", "un plus" esencial no solo para su crecimiento sino para su desarrollo emocional integral. Es así que desde estos primeros contactos pueden surgir situaciones de juego.

Este es un espacio entre la madre y su niño al cual progresivamente se van incorporando diferentes objetos. Es allí donde ese bebé realiza sus primeros aprendizajes, siendo estas experiencias fundamentales para su constitución como persona.

Como ya se dijo, se necesita en un principio de la presencia de otro (adulto o persona encargada de desempeñar los cuidados maternos) que sostenga, invite, proponga y por momentos participe de este espacio y este tiempo en el que se despliega el jugar, en un clima de confianza, para que luego el pequeño pueda realizarlo a solas o con sus pares. El adulto a través de la palabra, le otorga sentido a esta actividad, dando lugar a que el niño ingrese al mundo del lenguaje.


¿Jugamos con nuestros niños? ¿A qué jugamos? ¿Qué necesitamos para jugar?

Los adultos muchas veces dejamos tan atrás esta etapa que nos olvidamos lo sencillo que es jugar. No es necesario a veces contar con objetos materiales, es suficiente con poder dar rienda suelta a la imaginación y crear situaciones gratificantes para quienes participan del juego. De esta manera destacamos la importancia del jugar en el sano desarrollo de un niño.

Julio Cortázar, escritor, en su libro Rayuela dice:

"La rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera (vereda), una piedrita, un zapato, y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra..."

A veces los padres creemos que las necesidades de los hijos van de la mano con los adelantos tecnoló- gicos, preocupados por la compra de juegos o juguetes electrónicos, y cuando no podemos hacerlo nos sentimos mal, frustrados y consideramos que nuestros hijos no tendrán una buena infancia.

Con una tiza y una vereda, con un lápiz y un papel, con un libro de cuentos, con un poco de imaginación o una historia inventada ¡qué lindos momentos compartidos se pueden llegar a disfrutar!

Si enseñamos a nuestros niños que jugar es divertido, placentero y que nos hace sentir bien, estamos contribuyendo a su formación como personas únicas, como aprendizaje para experiencias futuras de la vida.


Pero a veces los niños no juegan ¿por qué?

Hemos hablado de lo gratificante del juego, pero no siempre nos encontramos con niños dispuestos a crear situaciones de juego así como también a veces el mismo adquiere características particulares (juegos excesivamente repetitivos, con contenido amenazante, agresivos, y a veces no propios de la edad, la tendencia a aislarse, la dificultad de integración a la edad en que esto es esperable).

Como hemos señalado el juego reviste importancia capital en el desarrollo de la persona del niño.

Ahora creemos importante destacar a los padres, cuidadores, educadores y a todos aquellos que formen parte de la vida del niño algunos aspectos a considerar:
  • Dedicar tiempo a jugar con el niño.
  • No priorizar el juguete didáctico o tecnológico por sobre el juego.
  • Prestar atención a las características del juego. 
  • En caso de que el niño no juegue o que el juego adquiera las particularidades ya mencionadas con anterioridad, resultaría conveniente efectuar la consulta pertinente con un profesional.


  Autor/es: Psi. María del Pilar Fabeiro, Lic. María Victoria Gonzalez Ferrer, Lic. Natalia Helena Anzorandía

  Filiación: Hospital

  Palabras claves: juegos infantiles, juegos, infancia, juguetes